En muchas oportunidades se vio que tragedias que ocurren en diversas zonas del mundo movilizan a mucha gente a ayudar y a generar lazos solidarios en pos de los más afectados. Y a la vez, esta ayuda puede servir a los productores de frutas de la región.

En un interesante artículo, Betina Ernst, de TofInfo, cuenta que, ante la tragedia humana originada por el terremoto en Venezuela, los países latinoamericanos reaccionaron inmediatamente con ayuda y con equipos de rescate. Nadie dudó en ayudar a su vecino. Esta reacción refleja los múltiples aspectos que unen a los países de esta vasta región, como son el idioma, la historia, la evolución económica-política y un sentimiento de pertenencia y de hermandad. Por esto, asombra que el negocio frutícola entre los países latinoamericanos esté recién ahora en auge.

Una excepción a esto son las manzanas y las peras, cuyo comercio dentro de esta zona es conocido y de larga data. La región recibe dos tercios de los envíos de pomáceas de Chile y de la Argentina. Pero en los últimos años se viene evidenciando que es un buen negocio también para otras frutas, como las mandarinas, uvas, cerezas, tropicales, etcétera. En más de un caso, entre un 10% y un 40% de las exportaciones totales se dirigen hacia Latinoamérica.

La analista agropecuaria enumera las ventajas de enviar frutas a Latinoamérica:

• Mismo idioma, con la excepción de Brasil, aunque aclara que con el “portuñol” (combinación de portugués y español) se produce un adecuado entendimiento.

• Similar idiosincrasia, que facilita el entendimiento de las partes y comprender el funcionamiento del mercado y del consumidor.

• Amplia diversidad agroclimática: la gran extensión del continente determina que las regiones del norte producen principalmente frutas tropicales o subtropicales; mientras que los países del sur se dedican a las templadas, que requieren frío para su desarrollo.

• Complementariedad de las cosechas: en este caso inciden la latitud y la altitud. Esto se refleja claramente en la palta, que en Perú se cultiva en el llano y se cosecha en invierno, mientras que en Chile se cultiva en los valles de los Andes y madura en verano. Colombia, por otro lado, aprovecha los diferentes microclimas, con dos campañas al año. Otros ejemplos de diferentes momentos de maduración los constituyen, entre otros, las uvas de mesa, los arándanos y las limas.

• Cercanía: al estar más cerca de los mercados destinos se realizan visitas frecuentes, facilita asistencia a eventos y congresos, viajar rápidamente y con menores costos cuando se requiere la presencia de los operadores, etcétera.

• Menor costo de transporte: este punto está adquiriendo creciente importancia ante el fuerte aumento que registró últimamente el transporte, siendo un costo que pesa en el balance general.

• Transporte terrestre: en muchos casos los envíos se realizan mediante camiones, lo que descomprime los puertos, la dependencia de las navieras y la disponibilidad de contenedores refrigerados, situación que se complica especialmente cuando se superponen las campañas de varias frutas.

En lo que respecta a manzanas y a peras, en 2025 el 57% de las manzanas chilenas sumadas a las argentinas se destinaron a Latinoamérica. En el caso de las peras, el 51%. Dentro de esta región se destaca Brasil como principal receptor de ambas frutas, habiendo cierta “Brasil dependencia”. La magnitud de las importaciones de peras es bastante constante. La de las manzanas dependen de la cosecha local. Tres años con malas cosechas aumentaron fuertemente las importaciones. Pero en la actual campaña la producción local se recuperó y, en consecuencia, cayó marcadamente la necesidad de importar.

Otro gran comprador de pomáceas de Chile es Colombia, a tal punto que suele ser el primer comprador de estas frutas. En 2025 importó 87.000 toneladas de manzanas de Chile. Las importaciones de peras son bastante más acotadas, y no interesan tanto. Estas provienen de la Argentina y de Chile.

Otros destinos latinoamericanos son Ecuador, Perú, Bolivia, Paraguay y Centroamérica.

El interés por las uvas de mesa dentro de Latinoamérica es bastante reciente, pero muestra una firme tendencia ascendente. Durante la última campaña entre un 12% y un 15% de las exportaciones sudamericanas de uvas se dirigieron hacia Latinoamérica.

En este caso se destaca México como primer destino. Perú destina un 10% de sus exportaciones totales al país “Azteca”; en Chile la incidencia es menor. Otros destinos de la región son Colombia, Argentina y Brasil. La complementariedad de las campañas hace que la mayoría de los países sean importadores y exportadores en paralelo.

Cítricos

Los cítricos se cultivan en toda Latinoamérica, pero las mandarinas son delicadas y requieren un clima especial, como inviernos fríos y buena amplitud térmica, para obtener una buena calidad interna y externa. Por eso Perú, Chile, Argentina y Uruguay empezaron a enviar crecientes volúmenes a sus vecinos. Los destinos son Brasil, Colombia, México, Paraguay y mercados menores.

Otra fruta que se beneficia cada vez más del mercado latinoamericano es la palta. La Argentina es uno de los principales mercados para las paltas chilenas: recibe un 20% del total exportado. También Brasil y Perú envían paltas a nuestro país.

Por otro lado, Chile es el principal destino latinoamericano para las paltas peruanas: las recibe durante el invierno, debido a la falta de producción local.

El país trasandino es, también, el principal mercado para las limas peruanas, que lo requieren para su tradicional bebida, el Pisco. Un 40% de los envíos peruanos van hacia Chile. Brasil envía limas a la Argentina.

Debido a las exigencias de frío, la cereza solo crece en el centro y en sur de Chile y de la Argentina. Casi toda la exportación va a los mercados del norte, siendo un negocio aún incipiente, pero con buenas perspectivas. El mayor potencial se da especialmente para las fiestas, época en que los latinoamericanos disfrutan de una fruta tan especial.

Resulta interesante que los productores de frutas argentinos vean a los países latinoamericanos como potenciales compradores. Por casualidad, un fenómeno como un terremoto nos muestra que se puede acceder a mercados posiblemente no tan importantes, pero que resultan muy interesantes; sobre todo por los volúmenes y por la distancia.